Felipes Artistas
Cazals, Felipe (1937- ), director de cine mexicano, nacido en la ciudad de México, donde realiza estudios primarios antes de trasladarse a estudiar cine a París. Allí se imbuye del experimentalismo de la nouvelle vague, intentando este camino en su país en dos películas que anteceden a su entrada en el cine comercial con la superproducción Emiliano Zapata (1970), pagada por su protagonista, el cantante Antonio Aguilar.
Empieza a perder interés por parte del público, pero a pesar de ello continúa en la profesión haciendo películas históricas hasta que cobra nivel con Los que viven donde sopla el viento suave (1974), El Apando (1975), Canoa (1976), y Los poquianchis (1976), crónica de un crimen real. Después, La güera Rodríguez (1977) y El año de la peste (1978), adaptación de Gabriel García Márquez de la novela de Daniel Defoe Diario del año de la peste (1722), serían irregulares, pero aún superiores a las realizaciones menores de los años posteriores, durante la crisis del cine mexicano. Experimenta una notable mejoría con Los motivos de la luz (1985), El tres de copas (1986), y La furia de Dios (1987), sin que, no obstante, logre con ellas un mínimo alcance internacional.
Noiret, Philippe (1921- ), actor francés cuyo
aspecto bonachón le ha permitido encarnar los personajes más diversos, desde el
tío Gabriel en Zazie dans le metro, hasta el viejo proyeccionista en
Cinema Paradiso.
Llegó tardíamente al cine, después de una larga carrera
teatral, y llamó la atención en Zazie (Louis Malle, 1960) y destacó
claramente más tarde en Relato íntimo (Georges Franju, 1962) y Esposa
ingenua (Jean-Paul Rappeneau, 1965). Estrella desde su interpretación en
El arte de vivir, pero bien (Yves Robert, 1968), es uno de los actores
franceses más importantes de la década de 1970. Ha marcado con su presencia
cintas como: El relojero de San Paul (1973), La gran comilona
(Marco Ferreri, 1973), Que empiece la fiesta (1974), El juez y el
asesino (1975), Coup de tordron (1981), La vida y nada más
(1989) películas de Bertrand Tavernier, El viejo fusil (Roberto Enrico,
1975), Masques (Claude Chabrol, 1987), Cinema Paradiso (Giuseppe
Tornatore, 1987) y en 1995 El cartero y Pablo Neruda, de Michael Radford.
Campuzano, Felipe (1945- ). Nace en Cádiz,
pianista. Inicia su carrera profesional con la composición de temas populares
("Achilupú", "Precaución amigo conductor", etc.). De forma especial destaca su
obra "Andalucía espiritual".
Se define como un músico popular. Todo su interés como tal está basado en hacer
llegar al mundo, la música "sencilla y clara" como el agua, con ritmos fáciles o
difíciles, pero adornados de una melodía que se graba en la mente para siempre.
Felipe Campuzano, es un músico moderno y clásico a la vez. Moderno, porque fue
el padre de la fusión flamenca con otras músicas. Clásico, porque su obra
perdurará en el tiempo como la de los grandes compositores populares. Y no le da
miedo la competencia, por ello enseña su música o la música en general a los que
acuden a las aulas del Conservatorio que lleva su nombre en Marbella; uno de los
pocos homenajes que ha recibido en este país. "Hacen falta compositores frescos
–nos dice-, lo que están haciendo en general la nueva generación de músicos,
sobre todo andaluces es mucha fusión".
Felipe Campuzano dio las pautas del Rock andaluz y de las fusiones modernas hace
treinta años, en un tema entre el pop y la rumba interpretado por "Las Grecas"
(Te estoy amando locamente), del que se han vendido millones de copias y aún se
sigue reeditando con éxito. Por otro lado, sus grandes composiciones como
Andalucía Espiritual o Raza, no faltan en las discotecas de los verdaderos
amantes de la música.
Su reconocimiento mundial, además de decenas de giras por el mundo, se lo dio la
Academia Santa Cecilia de Roma, al otorgarle el Sagitario de Oro en 1980.
Iba para médico, pero la música le atraía más: "me interesa más el alma
que el cuerpo, por ello mis composiciones van buscando las raíces de nuestra
Andalucía y conducidas con respeto y conocimiento hasta nuestro tiempo", así
Campuzano borra de un plumazo una de las imágenes más tópicas y burdas de España
en el exterior: La España de guitarra y pandereta.
Como gaditano y andaluz, Felipe Campuzano, es un músico flamenco debido a ese
conocimiento, que se adquiere casi por nacer en la provincia de Cádiz: "esto es
cierto, pero luego hay que estudiar y trabajar mucho". También fue el primero en
instrumentalizar el Flamenco de manera, escribiendo para una orquesta esta
música popular difícil de llevar al pentagrama. "De hecho aún no se estudia en
el Conservatorio y es algo que a mí personalmente me gustaría implantar".
Hablamos largo y tendido de esta música andaluza y universal y concluyó
diciéndonos que "el lenguaje del Flamenco, no es más que una queja popular y por
supuesto una de las manifestaciones artísticas más importantes del mundo, por su
oscuro pasado, incierto y lleno de mezclas y matices, hasta un futuro próspero
(que ya lo es) equiparado a las mejores músicas del mundo". Tenemos que añadir
que gracias a músicos como él, Paco de Lucía y cantaores, como Camarón, que ser
músico, ha sido capaz de cautivar en todos los rincones de la tierra donde
actuó, y hoy y mañana donde se oiga.
A pesar de sus éxitos y de que sus obras viajan año tras año por diferentes
países, Felipe Campuzano es un hombre sencillo, que en la vida diaria pasa casi
desapercibido, entre otras cosas porque dedica varias horas al día trabajando
"en cosas nuevas y en preparar a los alumnos de la escuela, además de ensayos y
actuaciones".
Bueno, pues a pesar de todo, aún no se ha reconocido, oficialmente, en España
como lo que es, uno de sus músicos más importantes: "en este país –dice-
reconocen a los verdaderos artistas cuando se mueren. Es la dura realidad, pero
tampoco importa mucho". Esto lo corrobora, cuando nos dice al final de la
entrevista. "Es la obra lo que hace perdurar a su creador y no el marketing".