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Felipes Monarcas I

Felipe de Borbón (duque de Parma) (1720-1765), duque de Parma, Plasencia y Guastalla (1748-1765). Cuarto hijo del rey español Felipe V y de Isabel de Farnesio, se casó con la hija de Luis XV de Francia. Participó, acompañando al marqués de la Ensenada, en las campañas bélicas que los Borbones franceses y españoles realizaron en el norte de Italia contra Austria. Después de la Paz de Aquisgrán (1748) se hizo cargo de los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla, hasta entonces en manos austriacas. Su gobierno tuvo un carácter reformista e ilustrado, convirtiendo el ducado en un centro de gran prestigio cultural por su importante biblioteca y por la Academia de Bellas Artes. Parma estuvo permanentemente aliada a España y Francia, participando en el tercer Pacto de Familia que se formó con motivo de la guerra de los Siete Años.

Felipe de Borbón y Grecia (príncipe de Asturias) (1968- ), príncipe de Asturias y heredero de la Corona española desde 1977. Hijo de Juan Carlos I de España y Sofía de Grecia, nació el 30 de enero de 1968 en Madrid. Al cumplir la mayoría de edad (1986) juró la Constitución española ante el gobierno, las dos cámaras legislativas y los representantes de todas las instituciones del Estado. Desde entonces ha representado a la familia real en distintos actos oficiales. Recibió formación militar en las academias militares de tierra, mar y aire; cursó estudios de derecho y ciencias económicas en la Universidad Autónoma de Madrid y realizó un máster en Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos). Gran aficionado a los deportes, participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, como integrante de la selección española de vela.

Felipe de Grecia y de Dinamarca (duque de Edimburgo) (1921- ), consorte de la reina Isabel II de Gran Bretaña. Nació el 10 de junio de 1921 en la isla griega de Corfú, hijo del príncipe Andrés de Grecia y tataranieto de la reina Victoria de Gran Bretaña. Pasó su infancia en este país en el hogar de su tío Louis Mountbatten, primer conde Mountbatten of Burma. Inició su carrera naval en 1939, al ingresar en la Real Academia Naval de Dartmouth. Sirvió durante la II Guerra Mundial en el Mediterráneo y en el Pacífico. Contrajo matrimonio con la princesa Isabel en 1947, y fue nombrado simultáneamente duque de Edimburgo. En 1957 se le designó príncipe del Reino Unido. Activo defensor de los deportes, de la ciencia y de la educación, ha realizado numerosos viajes diplomáticos a lo largo del mundo, bien como representante de la reina o bien en compañía de Isabel II.

Felipe de Suabia (c. 1176-1208), emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1198-1208). Era hijo del emperador Federico I Barbarroja. Educado para ingresar en la Iglesia, hacia 1191 se convirtió en obispo de Wurzburgo pero renunció a su sede en el año 1192. Fue nombrado duque de Toscana en 1195 y duque de Suabia en 1196. Los güelfos, que apoyaban a Otón de Brunswick, más tarde emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Otón IV, rechazaron la elección de Felipe como emperador (apoyado por los gibelinos), por lo que estalló la guerra entre Otón y Felipe. En 1208 la victoria de Felipe era casi completa cuando fue asesinado.

Felipe el Magnánimo (1504-1567), landgrave de Hesse, príncipe alemán que ayudó a asegurar la supervivencia del protestantismo en los primeros años de la Reforma. Se convirtió al luteranismo en 1524; dos años más tarde, él y otros príncipes luteranos formaron la Liga de Torgau para protegerse contra una coalición de estados alemanes leales al catolicismo. En 1529 patrocinó el Coloquio de Marburgo, una conferencia que, sin éxito, intentó unir a los protestantes de Alemania y Suiza. Fue uno de los principales organizadores de la Liga de Esmalcalda (1531), que se opuso a los intentos del emperador Carlos V de erradicar el luteranismo. Derrotado por Carlos V (como rey español, Carlos I) en 1547 en la batalla de Mühlberg, fue prisionero de éste hasta 1552. Sus esfuerzos fueron recompensados en 1555, cuando los luteranos obtuvieron la igualdad religiosa con los católicos en Alemania por la Paz de Augsburgo.

Felipe I (de Francia) (1052-1108), rey de Francia (1060-1108), hijo mayor de Enrique I, rey de Francia. Su madre, Ana de Kíev y su tío, Balduino V (conde de Flandes), ejercieron la regencia durante los seis primeros años de su reinado. Los diversos conflictos que Felipe mantuvo con sus poderosos vasallos, de forma particular con Normandía (luchó contra Guillermo I, duque de Normandía, quien en 1066 conquistó Inglaterra), enturbiaron su reinado, pero logró ampliar sus territorios. Fue excomulgado en 1095 al repudiar a su esposa Berta de Holanda y contraer matrimonio con Bertrade de Montfort, esposa del Conde de Anjou.

Felipe I el Hermoso (1478-1506), rey consorte de Castilla (1504-1506) por su matrimonio (1496) con la heredera de los Reyes Católicos, Juana I (la Loca). Hijo del emperador alemán, Maximiliano de Habsburgo, y de María de Borgoña, junto a las herencias hispánicas, transmitió a su heredero Carlos de Gante (el futuro Carlos I, como emperador Carlos V) la más vasta herencia vinculada a una Corona. La discutida locura de su esposa motivó que Isabel I nombrara regente de Castilla a Fernando el Católico (1504), hasta la mayoría de edad de Carlos, su primer nieto. El archiduque Felipe, siempre vinculado a la corte borgoñona, consiguió de su padre la titulación real. Así, Felipe I, con el apoyo de muchos nobles castellanos, desembarcó en España en abril de 1506. Sólo pudo reinar hasta septiembre, al morir súbitamente en Burgos.

Luis Felipe José de Orleans o Felipe Igualdad (1747-1793), noble francés, primo del rey Luis XVI, que adoptó el nombre de Felipe Igualdad durante la Revolución Francesa. Antes de que estallara difundió por toda Francia obras y textos en los que se defendían las ideas liberales. En junio de 1789 acudió a la reunión de los Estados Generales convocada por el Rey y dirigió a 47 nobles que decidieron abandonar su propio estamento para unirse a los representantes del tercer estado. Fue elegido miembro de la Convención Nacional y votó a favor de la ejecución de Luis XVI (condenado por un solo voto de diferencia) a pesar de su parentesco. Se le condenó a morir en la guillotina en 1793, durante el reinado del Terror, acusándole de haber conspirado para la reimplantación de la monarquía. Su hijo Luis Felipe I de Orleans sería proclamado en 1830 rey de Francia.

Felipe II (1527-1598)Felipe II, rey de España (1556-1598). Heredero del emperador Carlos V (Carlos I de España), gobernó el vastísimo imperio integrado por Castilla, Aragón, Valencia, Cataluña y Navarra; el Rosellón, el Franco-Condado, los Países Bajos, Sicilia, Cerdeña, Milán, Nápoles, diversas plazas norteafricanas (Orán, Túnez), Portugal y su imperio afroasiático, toda la América descubierta y Filipinas. Sin duda, la unidad territorial más amplia de la época moderna puesta bajo un mismo cetro.

Hijo de Carlos I y de Isabel de Portugal, en su preparación para su cometido regio y de gobierno se instruyó desde muy joven con Juan Martínez Silício y Juan de Zúñiga. Su papel en política interior y su protagonismo internacional fueron destacadísimos durante la segunda mitad del siglo XVI.

Las continuas ausencias centroeuropeas de su padre, en sus funciones imperiales y de defensa de la unidad religiosa, le procuraron una temprana labor de regencia en la dirección de las labores gubernativas desde 1543. Las enfermedades del más poderoso monarca de la cristiandad motivaron su abdicación en Felipe, el segundo con esa titulación tras su abuelo (Felipe I el Hermoso), en 1555-1556. Así, después de viajar por Italia y los Países Bajos y tras ser reconocido como sucesor regio en los estados flamencos y por las Cortes castellanas, aragonesas y navarras, se dedicó plenamente a gobernar desde la corte madrileña con gran actividad y celo.

En el interior peninsular destacan diferentes vertientes. La monarquía personal de Felipe II se apoyaba en un gobierno por medio de consejos y de secretarios reales y en una poderosa administración centralizada. Pese a todo su poder, las bancarrotas, las dificultades hacendísticas y los problemas fiscales (entre otras actuaciones notorias creó el nuevo impuesto 'de Millones') fueron característicos durante todo su reinado. Su recurso al Tribunal de la Inquisición fue frecuente. Políticamente dicho tribunal fue utilizado para acabar con los conatos de protestantismo descubiertos en la Meseta castellana. Así, la unidad religiosa estaba tan presente en todos los aspectos de la vida de Felipe II que con todo rigor se valió de los autos de fe celebrados en Valladolid para afianzar la Contrarreforma católica.

A la vez, los piratas berberiscos asolaban las costas mediterráneas. Aunque la expedición naval de García de Toledo consiguiera la victoria en Malta (1565), el problema morisco estaba en el interior. Los moriscos de las Alpujarras granadinas protagonizaron la principal sublevación, que no terminaría hasta que don Juan de Austria les derrotó (1569-1571).

El secretario Antonio Pérez tuvo una enorme influencia en los negocios públicos hasta su caída en 1579. Además, en 1568 moría el príncipe Carlos, que había sido arrestado debido a sus contactos con los miembros de una presunta conjura sucesoria promovida por parte de la nobleza contra Felipe II. En ambos puntos empezó a afianzarse la 'leyenda negra' antiespañola y buena parte de los problemas internos de su reinado.

Internacionalmente, para mantener y proteger su Imperio, continuamente estuvo inmerso en todos los conflictos europeos. Por esas razones, se multiplicaron las capitulaciones matrimoniales y contrajo sucesivas nupcias con María de Portugal (1543), la reina de Inglaterra (María I Tudor), la francesa Isabel de Valois y Ana de Austria (1570), madre de su sucesor Felipe III. Durante su reinado los conflictos externos se sucedieron en varios frentes. Felipe II actuaría en todos ellos teniendo presentes siempre criterios políticos y religiosos.

Heredero de la guerra contra Francia, a pesar de la Tregua de Vaucelles (1556) y nada más comenzar su reinado, ambas casas reales iniciaron su lucha por el control de Nápoles y el Milanesado. En ese contexto, el duque de Alba defendió las plazas italianas, atacando los Estados Pontificios de Pablo IV para deshacer su alianza con Enrique II de Francia. Mientras tanto, los ejércitos castellanos y fuerzas mercenarias derrotaban a las tropas francesas en su propio territorio (San Quintín y Gravelinas 1557 y 1558), origen de las negociaciones de paz del tan beneficioso para los intereses felipistas Tratado de Cateau-Cambrésis del año siguiente. No obstante, la pugna secular por el control europeo entre ambas monarquías continuó con la intervención a favor de los católicos Guisa en las guerras de Religión francesas, hasta que Enrique de Borbón adjuró del protestantismo, rubricándose en 1598 la Paz de Vervins.

Paralelamente, otro gran problema estratégico, comercial y de unidad de la fe era el peligro de la piratería, el bandidaje y las incursiones berberiscas y turcas en el Mediterráneo. Para conjurar dicha amenaza, constituyó, con Venecia, Génova y el Papado, el bloque principal de la Liga Santa contra el Imperio otomano. La flota al mando de don Juan de Austria —con Requesens, Álvaro de Bazán, Colonna y Doria— obtuvo la renombrada aunque no decisiva victoria naval de Lepanto (1571).

Contra Inglaterra los resultados fueron menos afortunados, debido al control marítimo militar inglés. Muerta su esposa María Tudor, las relaciones con Isabel I se enrarecieron, hasta que chocaron sus contrapuestas políticas religiosa y económica. En su pugna permanente, apoyando a todos los enemigos castellanos, Isabel de Inglaterra acabó con los católicos reyes escoceses, mientras apoyaba la piratería en el Caribe (Francis Drake) y a los rebeldes holandeses. La conclusión militar vino determinada en 1588 por la derrota de la Armada Invencible capitaneada por el duque de Medinasidonia. A partir de entonces, el poderío naval español en el Atlántico comenzaría su declive.

Felipe II tampoco pudo solucionar el conflicto político-religioso generado en los Países Bajos. Ninguno de sus sucesivos gobernadores, desde Margarita de Parma, pudieron conseguir sus objetivos. Tras las victorias del duque de Alba hasta 1573, ejecutando a Egmont y Hornes, ni Luis de Requesens, ni don Juan de Austria, ni Alejandro Farnesio doblegaron la rebelión de los 'mendigos del Mar' calvinistas. Alternando procedimientos suaves con otros métodos muy enérgicos, no consiguieron aplacar la sublevación de los Estados Generales y la definitiva emancipación de Holanda, Zelanda y el resto de las Provincias Unidas.

En cambio, consiguió un gran triunfo político al conseguir la unidad ibérica con la anexión de Portugal y sus dominios, haciendo valer sus derechos sucesorios en 1581 en las Cortes de Tomar.