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Felipes Monarcas III

Felipe III (de Navarra) (1301-1343), rey de Navarra (1328-1343), iniciador de la dinastía de Evreux, que tomaba el nombre del territorio francés de donde era conde, por lo cual también es conocido como Felipe de Evreux. Accedió al trono navarro en virtud de los derechos de Juana II, con quien estaba casado. Pese a su vinculación con Francia, Felipe III procuró poner en primer plano los asuntos navarros. Alcanzó un acuerdo con la vecina Corona de Aragón, que se plasmó en el matrimonio de su hija María con Pedro IV. Las relaciones con Alfonso XI de Castilla fueron en un principio tirantes, pero finalmente se llegó a una tregua entre ambos reinos. Felipe III ayudó al monarca castellano en la campaña contra los musulmanes que llevó al sitio de Algeciras, pero en el curso de dicha guerra falleció en Jerez de la Frontera.

Felipe III el Atrevido (1245-1285), rey de Francia (1270-1285), hijo de Luis IX el Santo. Nació en Poissy, cerca de París. Gobernante débil, estuvo dominado en diversos periodos por su chambelán, por su esposa, por su madre y sobre todo por su tío Carlos I de Anjou, rey de las Dos Sicilias, el cual le indujo a su política contra Pedro el Grande de Aragón, que había desembarcado en la isla (1282) tras la rebelión de las Vísperas Sicilianas contra la dinastía Angevina. Luchó contra Aragón y Castilla por la posesión de Navarra, y casó a la heredera de este reino, Juana, con su hijo, el futuro Felipe IV: hasta 1328 Navarra estará unida a Francia. Felipe III llevó a cabo la llamada 'cruzada contra los catalanes', que acabó en 1285 en desastre militar y con su propia muerte, víctima de una epidemia.

Felipe III el Bueno (de Borgoña) (1396-1467), duque de Borgoña (1419-1465), creador de uno de los más poderosos estados del siglo XV en Europa. Nacido en Dijón, sucedió a su padre Juan Sin Miedo (1371-1419), después de que éste fuera asesinado por un grupo de nobles franceses. En venganza, Felipe se alió con Enrique V de Inglaterra, país enemigo de Francia en la guerra de los Cien Años. En 1430 capturó a Juana de Arco, líder militar de los franceses, y la entregó a los ingleses. Más tarde, cuando el curso de la guerra giró en contra de Inglaterra, cambió de bando, firmó el Tratado de Arras (1435) con Carlos VII de Francia y recibió a cambio gran parte de la provincia de Picardía. Felipe extendió el dominio borgoñón por los Países Bajos, conquistó Holanda, Zelanda y Hainaut en el año 1428 Brabante y Limburgo en 1433 y Luxemburgo en 1443. Logró tomar en el año 1453 las ciudades rebeldes de Flandes. Hacia 1460 dominaba el territorio que hoy constituye Bélgica y Luxemburgo, junto con la mayor parte de lo que actualmente son los Países Bajos y amplias zonas del norte y este de Francia. La corte de Felipe fue la más brillante de su tiempo. Famoso por sus abundantes festejos y por su devoción a los rituales de la orden de caballería, instituyó (1430) la Orden del Toisón de Oro, una de las hermandades caballerescas más prestigiosas de Europa. En 1465 cedió el ducado a su hijo Carlos el Temerario.

Felipe IV (1605-1665), rey de España (1621-1665). Hijo de Felipe III y Margarita de Austria, nacido en Valladolid.Su favorito, Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, contribuyó decisivamente a su formación y aprendizaje del 'oficio' real. Inteligente, culto, sensible y capacitado para las tareas de gobierno, Felipe IV adolecía sin embargo de falta de seguridad en sí mismo, y era indeciso y débil de voluntad.

Su dedicación al trabajo, admirable en muchos momentos, se veía contrarrestada por su propensión a las diversiones cortesanas. La fuerte influencia que tuvo sobre él Olivares fue reemplazada en 1643 por la de sor María de Jesús de Ágreda, con quien mantuvo una correspondencia constante durante el resto de su vida, un dilatado periodo en el que las desgracias familiares y las de la Monarquía Hispánica incrementaron su tendencia a la melancolía y su sentimiento de culpa. Casado con Isabel de Borbón (1615), tuvo, además de otros hijos malogrados, al príncipe heredero, Baltasar Carlos (1629) y a la infanta María Teresa (1638), futura esposa del rey de Francia Luis XIV, cuya unión propiciaría, en 1700, el acceso de los Borbones al trono de España. Tras la muerte de la reina (1644) y la del príncipe heredero (1646), Felipe IV se casó con su sobrina Mariana de Austria (1648), de cuyo matrimonio sólo dos hijos alcanzaron la edad adulta, la infanta Margarita (1651) futura emperatriz, y el que sería heredero del trono, Carlos II (1661). El más famoso de sus diversos hijos naturales fue don Juan José de Austria (1629).

Su reinado, sobre todo en los años de gobierno del conde-duque de Olivares, fue un periodo de lujo, fiestas y exaltación cortesana. En 1633 se inauguró el palacio del Buen Retiro, escenario principal de la corte, planeado por Olivares como el escenario perfecto para proclamar al mundo la grandeza y el triunfo de la Monarquía Hispánica. Aficionado a la música, el teatro, la poesía y la pintura, el rey fue un auténtico mecenas que favoreció la creación literaria, teatral y artística en el momento culminante del siglo de oro.

El reinado de Felipe IV puede dividirse en varias etapas.

Una primera, hasta 1643, en que el protagonismo esencial le corresponde a su valido, el conde-duque de Olivares.

Una segunda en la cual don Luis Menéndez de Haro dirigió los destinos de la Monarquía (1643-1661) y, finalmente, los últimos años del reinado de Felipe IV, hasta 1665.

Con Olivares, la Monarquía se implicó plenamente en la guerra de los Treinta Años, y reanudó la guerra en Flandes. El valido pretendía compaginar la ofensiva bélica con las reformas interiores, tendentes a aliviar a la Corona de Castilla del enorme peso fiscal y militar. Tras unos años de brillantes victorias, el fracaso de su política interior, la falta de recursos y la intervención de Francia en la guerra, comenzaron a cambiar la situación. Los levantamientos de Cataluña y Portugal (1640) iniciaron la mas grave crisis interna de la Monarquía, y junto a los múltiples descontentos provocados, llevaron a la destitución del conde-duque (1643). Los años posteriores no pudieron alterar el curso de los acontecimientos.

La Paz de Munster (1648) consagró la pérdida de las provincias del norte de los Países Bajos (Holanda). La guerra franco-española continuó, pero a pesar de éxitos como la recuperación de Cataluña, el apoyo de la Inglaterra republicana resultó decisivo para la victoria de Francia, consumada en la Paz de los Pirineos (1659). En los últimos años de su reinado, concluidos los grandes conflictos, Felipe IV pudo concentrarse en el frente portugués.

Sin embargo, ya era demasiado tarde. Meses antes de su muerte, la derrota de Montes Claros o Villaviciosa permitía vaticinar la pérdida de Portugal. La situación en Castilla no era más halagüeña, y la crisis humana, material y social afectaba profundamente a las regiones del interior.